MINOTAUROS DE GREDOS

Como sucediera cuando hablamos de Zacapeal, mi afición por la mitología griega ha vuelto a colarse en el título de un post.

Minotauro

Minotauros en el arte, pintura y mosaico

Pero que esta manía mía no os confunda, ya que no hablaremos -al menos literalmente-del mítico habitante del laberinto de Dédalo, hijo de Parsifae y el Toro de Creta. Lo tomo como símil basado en la hibridación que caracteriza a este monstruo mitad -superior- toro, mitad -inferior- humano. Esta unión, la del hombre y el Toro, en Gredos adquiere un significado especial, pues aunque actualmente sus pueblos son conocidos gracias al turismo, la ganadería siempre ha ocupado un lugar muy importante.

Vacas en Gredos

Vacas de raza avileña en la finca de Los Leños -Hoyos del Espino-.

Lógicamente en Gredos no hubo minotauros, pero sí hubo personas que se “transformaban en toros” el 17 de enero de cada año; se trataba de una diversión infantil, muy del agrado de los muchachos, y tan sencilla como auténtica…

Ilustración

Ilustración de "El Día de los Campañillos" en Aires de Gredos

Según Alfredo González -a quien agradezco la información e ilustraciones- en primer lugar, tanto niños como jóvenes se ponían al cuello cencerros de diversos tipos y tamaños que recibían un nombre concreto dependiendo del animal para el que estuvieran concebidos: changarros/as, cencerras, campanillos, picotas, truquillos/as, zumbas, piquetes, esquilas, arrieras, cañones…etc. Una vez hecho esto, corrían por las calles del pueblo haciéndolos sonar; es por ello que también se conocía esta celebración como “El Día de los Campanillos”.

Cencerros o campanillos

Campanillos o cencerros

Algunos de los chavales se  ponían cuernos auténticos que podían tener en sus casas, y, atándolos a un trozo de madera, se hacían pasar por verdaderas reses embistiendo a todo el que se encontraban.

Pero de entre todos los ingenios que se fabricaban para tal acontecimiento (y no eran pocos), el que más llamaba la atención era una cabeza de toro de mimbre blanca, cuyo lucimiento por parte de los mozos de mayor edad era un honor muy disputado. Se trataba de una refinada muestra de artesanía de las que hoy encontramos en extinción. Dicha cabeza, afortunadamente, se conserva; yo he podido verla y probarla gracias a la amabilidad de sus propietarios.

Cabeza de toro de mimbre

Cabeza de toro de mimbre y quien escribe probándola

Un ejemplar similar aparece mencionado en la obra de Benito Pérez Galdós El doctor Centeno:

             “…Y tanto repitieron los chicos aquel juego, que llegaron a organizarlo convenientemente, para lo cual tenía especial tino el gran Juanito del Socorro, sujeto de mucho tacto y autoridad. Era empresario y presidente, acomodador y naranjero. Dirigía las suertes y asignaba a cada cual su papel, reservándose siempre el de primer espada. A Felipe le tocaba siempre ser toro. [111]

Quisieron proporcionarse una de esas cabezotas de mimbres que adornan las puertas de las cesterías; pero no lograron pasar del deseo al hecho, porque no había ningún rico en la cuadrilla, ni aunque se juntaran los capitales de todos, podrían llegar a la suma que se necesitaba. Se servían de una banasta, donde Felipe metía la cabeza. ¡Con qué furor salía él del toril, bramando, repartiendo testarazos, muertes y exterminio por donde quiera que pasaba! A éste derribaba, a aquél lo metía el cuerno por la barriga, al otro levantaba en vilo. Víctimas de su arrojo, muchos caían por el suelo, hasta que Juanito del Socorro, alias Redator, lo remataba gallarda y valerosamente dejándole tendido con media lengua fuera de la boca.”

Benito Pérez Galdós El Doctor Centeno, pp. 111-114.

He de señalar que la única noticia que tengo de esta práctica en Gredos viene de Hoyos del Espino, por ello os agradecería que si en vuestros pueblos vivisteis algo similar, me lo contéis en la parte de comentarios, y así dar una visión más completa, ya que como se menciona en Léxico Español de los Toros de José Carlos de torres, este “Juego del Toro” estaba bastante extendido.

            “Nadie quería cargar con los cuernos, porque ha de saberse que, como el juego del toro estaba muy extendido, en las cesterías y en las tiendas de juguetes se vendían cabezas de toro de mimbre, que se encasquetaban las cabezotillas de los encargados de embestir. Abundaban asimismo otras más toscas y sumarias, aunque más terroríficas, porque consistían en unos cuernos de verdad montados en una tabla con dos asas que empuñaba el torito humano” (Paseíllo por el planeta, p.13). Juego de la sociedad tradicional de antaño.

José Carlos de torres, Léxico Español de los Toros, p. 451 

            Y ya que estamos con citas literarias concluyo aquí con una extraída del  libro Aires de Gredos, del ya mencionado Alfredo González, y a cuyo llamamiento me sumo…

“Habiendo descrito someramente en qué consistía esta fiesta, no me daré por satisfecho si no dejo sembrado en la mente de quienes en la actualidad disfrutan de la saludable alegría de vivir sus ilusiones en nuestro querido pueblo ¿Por qué no revivir esta tradición?. Con las facilidades que hay en la actualidad, con el envolvimiento y ayuda de las instituciones locales, con el talento y las ganas del hacer bien las cosas que caracterizan a los habitantes de Hoyos del Espino, con tanta buena gente, no será difícil que, en cualquier año próximo, se celebre una fiesta el día de San Antón que seguirá llamándose “El día de los Campanillos”

Alfredo González Tejado, Aires de Gredos, p. 215

Ganado vacunoGanado vacuno en Navacepeda de Tormes

Andrés M.

HISTORIA E HISTORIAS DEL PARADOR NACIONAL DE GREDOS

Nuestro Parador, en Navarredonda de Gredos (Ávila), ha cumplido 85 años, y por ese motivo se ha montado una pequeña exposición que hace un recorrido por la historia de los Paradores en España.

En las últimas semanas he visto muchos post en otros blogs acerca de este tema, pero me di cuenta de que todos hablaban del Parador desde afuera, y que yo podía ofrecer otro enfoque, el de la gente de Gredos, aquellos que sirvieron y vivieron su historia más que nadie. En la zona, todos conocemos a alguien que ha formado parte de él. A ellos les dedico esta entrada.

Cafetería Vieja del Parador

Interior de la "Cafetería Vieja" del Parador de Gredos

Siempre me ha llamado mucho la atención este lugar, parada obligatoria para el turista en Gredos, y en ello han tenido mucho que ver todas las historias que he oído en torno a él.

Por ello, convencí a mi padre para acercarnos a ver la exposición, sabiendo que mi acompañante podía convertirse en un gran guía. No me equivoqué.

UN POCO DE HISTORIA.

El de Gredos fue el primero de la Red de Paradores Nacionales de España y fue inaugurado en el año 1.928 por el rey Alfonso XIII. El encargado de las obras, que se iniciaron en agosto de 1926, fue Benigno de la Vega Inclán.

Alfonso XIII

Retrato de Alfonso XIII y cuadro conmemorativo

Como decimos, Alfonso XIII fue el primer mandatario que tuvo relación con el Parador, pero no el único; a él siguieron otras figuras destacadísimas del panorama político español, como Francisco Franco o el joven Juan Carlos I (siendo Príncipe de Asturias) quienes compartían su afición por la caza y/o la pesca en Gredos.

En 1978, se reunieron también aquí los llamados “Padres de la Constitución Española”: Cisneros, Manuel Fraga Iribarne, Miguel Herrero de Miñón, Gregorio Peces Barba, José Pedro Pérez Llorca, Miguel Roca i Junyent y Jordi Solé Tura.

Es decir, la Constitución nació en Gredos.

Padres de la Constitución

Los "Padres de la Constitución" y su "hija"

Dentro del mundo de la cultura, también han sido muchos los personajes que se han hospedado en este mítico establecimiento. A mediados del siglo XX, se celebraban aquí reuniones de intelectuales, los llamados “Diálogos de Gredos”, organizados por el filósofo y sacerdote don Alfonso Querejazu. Además han pasado por sus aposentos y comedores numerosos cantantes, actores y actrices, directores de cine… etc.

OTRAS HISTORIAS

Las historias que yo he oído sobre el Parador, dan cuenta de su importancia para la comunidad del Norte de Gredos. Durante muchas décadas ha sido el motor turístico de la zona; ha dado empleo a numerosas personas de todos sus pueblos -sobre todo Navacepeda, Hoyos del Espino, Barajas, Navarredonda y San Martín del Pimpollar-, y con ello ha fijado la población. Muchos negocios locales han dependido y dependen -directa o indirectamente- del él, ya sea por tratarse de proveedores, o porque se benefician del su imagen como abanderado del turismo en Gredos.

pósters y foto antigua del Parador Nacional de Gredos

Carteles y fotografía antigua del Parador de Gredos

Una de esas personas a las que dio trabajo el Parador fue mi abuela, Ana Lucía, que fue una de las primeras camareras del Parador. En aquella época, en la que no había prácticamente coches en la zona, el servicio vivía en los aposentos que se habían previsto para los trabajadores y que todavía hoy se encuentran al otro lado de la carretera.

Ana Lucía Tejado y otras dos camareras con el uniforme del Parador

Mi abuela Ana Lucía (izq) y dos compañeras con uniforme

Los uniformes que vestían, no tenían nada que ver con los actuales; prácticamente se trataba de trabajar con una especie de traje regional hecho con capas y capas de tela y paño que debían ser más tediosos que el trabajo en sí mismo.

Aunque antes hemos hablado de importantes personajes y acontecimientos políticos que tuvieron lugar en este establecimiento pionero, me he reservado uno para este espacio, ya que mi abuela lo presenció personalmente y nos transmitió las sensaciones que le provocó.

Se trataba de una reunión, que tuvo lugar los días 15 y 16 de Junio de 1935. Entre los asistentes se encontraba: José Antonio Primo de Rivera y Raimundo Fernández Cuesta. También miembros de La Junta Política, los Jefes Provinciales y Territoriales y los Consejeros Nacionales. El asunto exclusivo a tratar era la posibilidad de una insurrección armada de la Falange Española, o lo que es lo mismo, preparar un Golpe de Estado en el cual José Antonio Primo de Rivera se autonombraría Jefe del Gobierno, y en el cual también figuraban Franco, Mola y Serrano Suñer como Ministros de Defensa Nacional, Gobernación y Justicia, respectivamente.

Peña Histórica

La Peña Histórica, en el Pinar de Navarredonda de Gredos

El ambiente que se respiraba durante esos días en el Parador -siempre según mi abuela- era de una tensión que casi podía cortarse con un cuchillo. Lo que más le llamaba la atención era que siendo jóvenes muchos de los asistentes, vestían todos de traje, tenían un semblante muy serio, y prácticamente no hablaban entre ellos salvo en las reuniones celebradas en “La Peña Histórica”.

Posteriormente, ella entendió la importancia histórica de este episodio, ya que constituyó el principio de un proceso que trágicamente desembocaría en el estallido de la Guerra Civil.

LA EXPOSICIÓN

Pero volvamos a la visita. Por desgracia, yo me enteré de esta muestra poco antes de que la trasladasen. Ahora, se encuentra en el Parador de Alcalá de Henares por celebrarse allí un evento conmemorativo del aniversario. En mi opinión, tendría más sentido haberla hecho en Gredos, pero bueno…

La exhibición, sin ningún tipo de exceso, hace un recorrido por la historia de los Paradores, destacando el de Gredos por ser el primero de todos ellos. En ella, se pueden ver menús, cuberterías, documentos -como la Constitución firmada por sus “padres”-, así como diversas fotografías.

A mí, particularmente me llamó la atención el uniforme que había en la vitrina, ya que mi padre me dijo que era el que llevaba “el tío Juan José”, conserje del Parador durante muchos años. Justo al lado, se encontraba la centralita telefónica desde la que Beatriz, hija del anterior, conectaba a Gredos con el resto del Mundo. Fue la primera que hubo en la zona y de Beatriz dependían las comunicaciones, siendo intermediaria entre los pueblos y el destino de las llamadas en unas conferencias que podían llegar a prolongarse durante horas.

Uniforme y centralita

Uniforme de Conserje y centralita telefónica

Me contó también que el Parador fue la primera “gasolinera” de la zona, ya que disponía de un tanque de combustible para que sus clientes no tuvieran que desplazarse, pero también prestaba servicio a los habitantes de la zona; un ejemplo más del diálogo y simbiosis de esta institución con los habitantes de Gredos.

CONCLUSIÓN

Es por todo ello que yo veo el Parador de Gredos como un lugar histórico y entrañable a partes iguales.

Fotos antiguas del Parador Nacional de Gredos

Fotos antiguas del Parador de Gredos

Hemos de proteger el legado que nos ha dejado y que nos deja, ya que en estos difíciles momentos se ha hablado de él solamente en términos de rentabilidad. Siempre se pueden mejorar aspectos de la gestión, pero plantearse la idea de cerrarlo es deshonrar su memoria. Se trata del buque insignia y símbolo de una iniciativa que ha ayudado a preservar maravillosos edificios por toda nuestra geografía. Lo ha hecho dándoles una utilidad, que ellos han agradecido aportando sus encantos a un turismo de calidad.

FIN DE LA VISITA

Después del recorrido por la muestra, fuimos a la cafetería, donde el personal siempre nos recibe cálidamente. Allí seguí escuchando historias mientras un estupendo té me hacía entrar en calor y una porción del espléndido plum-cake que tenían en la vitrina mataba el gusanillo. Por desgracia, de vosotros me acordé un poco tarde… 😉

té y plum-cake

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¡Hasta el próximo post!

CHOZOS DE GREDOS

El paisaje de Gredos aparece salpicado por pequeñas construcciones casi olvidadas y, en muchos casos, derruidas, que en un tiempo no muy lejano fueron esenciales para la supervivencia de nuestros ancestros.

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Chozo en los alrededores de La Covacha (Hoyos del Espino)

Se trata de los chozos; edificios de enorme valor etnográfico e histórico que todavía hoy nos hablan de un modo de vida en el que la subsistencia era el principal objetivo. Son reflejo del trabajo, la lucha y el esfuerzo del hombre por sobrevivir en un entorno tan hostil como el nuestro en una época en la que nada era ni fácil ni cómodo.

Esta realidad, todavía hoy, puede resultaros muy familiar a algunos de vosotros.

Gredos hace unas décadas no era el paraíso de descanso y desconexión con el que hoy nos identificamos todos. Muy al contrario, su geografía abrupta y su clima extremo hacían de esta sierra un medio en el que lo importante era sobrevivir.

En este entorno, la ganadería y, en menor medida, la agricultura hacían que las jornadas en el campo fueran muy largas, y podían prolongarse por varios días o incluso meses en cuando la temperatura era más suave. El aprovechamiento del pasto para el ganado implicaba hacer largos recorridos con las reses, y no permitía la vuelta al hogar al terminar cada jornada.

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Chozo en la finca de El Jabalí (Navarredonda de Gredos)

De esta necesidad de cobijo mientras se realizaban estas labores, surjen estas pequeñas edificaciones.

La técnica de la piedra seca

Es como se conoce el método constructivo empleado en este tipo de arquitecturas. Se basa en el empleo del material cercano a la explotación ganadera, en el caso de Gredos la  piedra granítica. La construcción de un chozo servía tanto para guarecer al pastor como para limpiar la finca de estos elementos que aplastaban el pasto y estorbaban al ganado.

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Chozo de Las Tejoneras (Navacepeda de Tormes - San Juan de Gredos)

Se trataba de usar esa piedra sin ningún otro elemento más que su propio peso y recurriendo al perfecto anclado de cada pieza inmovilizándolas por medio de cuñas. Era una técnica depurada que requería de ciertos conocimientos que se transmitían de padres a hijos. Su origen se remontaría a la Prehistoria, más concretamente a la etapa Neolítica, en la que los pueblos, nómadas hasta entonces, comienzan a hacerse sedentarios amparados por el desarrollo de la agricultura y la ganadería. Las piedras apenas se trabajan, sólamente se emplea una maza de hierro para retocarlas y para introducir otras piedras más pequeñas que actúan como cuñas entre las losas más grandes. Se trata de una técnica efectiva, y por ello ha perdurado en el tiempo, ya que no requeire de grandes medios para su ejecución.

Aparte de los chozos, este método se ha empleado en los paredones que hacen de linde entre las diferentes propiedades y, en zonas agrarias, en los muros que aterrazan las laderas delimitando bancales de cultivo.

Cubriciones

En general, estas construcciones, a la hora de cubrir los espacios, siguen dos procedimientos: la cúpula y el techado con vigas.

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Cuando hablamos de “cúpula”, hay que tener presente que el modelo más frecuente es el denominado de falsa cúpula: un cerramiento que se da fundamentalmente en chozos de planta circular, haciendo que el diámetro de las sucesivas hiladas sea cada vez menor, con lo que gracias a su aproximación, se produce el cierre del conjunto.

En el apartado de las techumbres sostenidas por vigas suelen presentarse pocas variedades. Este procedimiento se utiliza para cubrir pequeñas construcciones de escasa altura, reducidas dimensiones y plantas cuadrangulares o levemente rectangulares. Los constructores se limitan a colocar tres o cuatro maderos de parte a parte de los muros, para sobre ellos depositar finas lajas de piedra, tierra y cascajo.

 Espacios complementarios.

– Puertas. La abertura suele estar orientada hacia el sur para aprovechar la luz del Sol y no suele superar el metro y medio de altura. Su anchura ronda los 70 u 80 cm de promedio.

Lo verdaderamente interesante de estos accesos son sus remates, que se basan en dos modelos:

– Con dintel: la abertura se remata con una gran losa horizontal apoyada directamente sobre ambos lados del muro, sobre las propias jambas o bien sobre dos losas colocadas a ambos lados haciendo de rudimentarias impostas. Sobre este dintel se continúa el cerramiento del conjunto.

– Con remate alzado: la complejidad aquí es mayor ya que sobre las jambas de las puertas se articulan elementos, bien en forma de arco o bien con la colocación de dos losas formando ángulo formando un remate triangular.

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– Respiraderos: En las escasas ocasiones en que los muros presentan aberturas, éstas no pasan de ser pequeños ventanucos o respiraderos colocados en la parte alta, para dar salida a los humos de los fuegos encendidos en su interior, o para adecuar la construcción a una función específica.

Chimenea: Suele aparece adosada al muro por su cara interior, con desarrollo vertical hacia lo alto, atraviesa el muro abriéndose camino hacia el exterior.

 Acondicionamiento interior

En determinadas circunstancias, se tiende a dotar a la construcción de una cierta “comodidad” y así, en algunos casos aparecen elementos en su interior de función muy específica como pueden ser: pesebres, alacenas o bancos adosados al muro.

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El Chozo Blanco (Serrota)

Uno de los ejemplos más interesantes es el denominado Chozo Blanco, ubicado en plena Serrota. Si queréis visitarlo, os dejo aquí las indicaciones de cómo llegar.

Conclusión

Los hombres y mujeres que vivieron de nuestros campos tuvieron que dar respuesta a sus necesidades de cobijo; recurriendo a las piedras dispersas por sus tierras consiguieron optimizar este recurso empleando una técnica milenaria, la de la piedra seca. Es por ello que estas construcciones debemos entenderlas como un símbolo del dominio de la tierra, pero no como lo entendemos hoy, sino de una forma totalmente sostenible y ecológica.

¡Hasta el próximo post!

Andrés M.

ZACAPEAL: LA ATLÁNTIDA DE GREDOS

Hoy entramos en un tema que, personalmente considero fascinante, ya que tiene que ver con una leyenda local que habla sobre el pueblo desaparecido de Zacapeal.

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Pero antes acerquémonos a otra conocida leyenda, aunque nada local, con la que estableceremos ciertos paralelismos. Se trata del relato que narra Platón en sus Diálogos, concretamente en el Timeo y en el Critias, acerca de la Atlántida. En estos textos se menciona que el mítico continente estaba situado más allá de las Columnas de Hércules (que la Antigüedad situaba en el Estrecho de Gibraltar). La historia se remonta en el tiempo varios miles de años para narrar cómo los habitantes de este territorio, los atlantes, fueron castigados por los dioses por su soberbia y ansias de dominación, a sufrir un violento terremoto y un gran diluvio que hicieron que su tierra fuera engullida por el mar.

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A partir del siglo XIX, época del Romanticismo, esta leyenda creció, ya que la imagen de un lugar tragado por las aguas resultaba fascinante para los exploradores que deseaban desentrañar el misterio,  más aún, después de haberse encontrado otras ciudades que se creían inventadas, como Troya. Consecuentemente, aparecieron las primeras teorías sobre su ubicación, barajando puntos de toda la geografía mundial. Entre esos lugares, los más recurrentes, fueron las Islas Canarias y las Azores, pero también zonas del Mediterráneo como la isla de Santorini (donde un terremoto hundió parte de su superficie) o la vecina Creta. También en América se ha especulado con las costas de Florida, las Bahamas o Bolivia. Incluso en España se ha barajado la posibilidad de que la Atlántida fuera realmente el reino de Tartessos y que su ubicación se encontrara nada menos que el Parque Nacional de Doñana (según National Geographic).

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Todo esto está muy bien, pero… ¿Qué tiene que ver con Gredos en general y Navalperal de Tormes en particular? Y, sobre todo… ¿Qué es Zacapeal?

Pues bien, la clave está en la leyenda que afirma que la torre de la iglesia de Navalperal la construyeron los mozos de Zacapeal.

Torre

¿Y dónde está Zacapeal?

Pues lo cierto es que Zacapeal, a día de hoy, no está… 😦

Al preguntar a los vecinos de Navalperal, pueblo donde se encuentra la dicha torre y que además ha tomado el nombre de “Zacapeal” para su asociación cultural, la mayoría coinciden en señalar la ubicación de aquel poblado en una zona (en la foto) al lado del cruce de la carretera principal con el camino de San Bartolomé de Tormes donde también es muy conocida esta leyenda.

Zacapeal

Dicho terreno, aunque aparentemente seco, cuando llueve se hace muy blando; en sus palabras, “una trampalera”, ello ha llevado a pensar que aquel pueblo en su día fuera desalojado, abandonado y engullido por la tierra como la Atlántida lo fue por el mar.

Trampalera

Al ser un terreno inestable, no han sido pocas las veces en las que los lugareños han tenido que acudir al rescate de alguna res atrapada en el fango, y afirman que, al escarbar para socorrer al animal, han aparecido “retejes” y trozos de vasijas que ellos vinculan con este lugar legendario.

Como en el caso de la Atlántida y de cualquier otra buena leyenda, esta también tiene ciertas incoherencias, sino hablaríamos de “Historia” ¿no?.

Por desgracia, aquí no hubo ningún “Platón” que dejara por escrito información alguna sobre Zacapeal. Por ello, se ha indagado en las crónicas de los pueblos del Alto Gredos, donde no se pueden obtener datos mas allá de los recogidos en la Comunidad de Villa y Tierra, cuyo concejo de Piedrahita se creó en 1366. Pues bien, en estos documentos nada se menciona sobre un pueblo llamado “Zacapeal”.

Sin embargo, como hemos señalado, la tradición oral de Navalperal, atribuye la construcción de su torre a los mozos de Zacapeal y aquí nos encontramos con otra incongruencia. Se ha dicho que de ser así, la torre tendría que haberse construido antes de 1366 por lo que hemos comentado en el párrafo anterior. Pero fijándonos en el propio edificio vemos una estructura característica del siglo XVI, muy similar a otras en la zona, como la de Navacepeda de Tormes, Navarredonda de Gredos, Zapardiel de la Ribera… etc. Como apoyo a este argumento, nos encontramos que, en la entrada a la atalaya hay un elegante arco conopial, que cronológicamente nos lleva al gótico de finales del XV y principios del XVI, por lo que volvemos una vez más a la cronología que venimos manejando para todas las iglesias y torres de la zona.

Torre y arco conopial

La leyenda de Zacapeal, si bien no tan rica como la de la Atlántida, sí es curiosa. Tal vez lo que desapareciera no fuera un pueblo como tal, sino algunos chozos o casas, y que esto se debiera a alguna crecida del arroyo que pasa por allí… Sea como fuere, se plantea una fascinante duda sobre esta leyenda, ya que tanto en Navalperal como en San Bartolo y Ortigosa señalan exactamente el mismo lugar y el mismo acontecimiento. Es por ello, que hay que tener siempre en cuenta que toda leyenda tiene parte de realidad, pero tal vez no tenga mucho que ver con la expresión final que de ella conservamos.

Muchos habitantes de la zona son escépticos. Otros tantos afirman que ¿Por qué no?. Cada uno debe buscar el sentido que más le convenza o le atraiga, aquí solo se enuncian los pocos datos que conocidos sobre el tema a día de hoy.

Quién sabe si entre los muchachos de nuestros pueblos habrá algún futuro arqueólogo que se interese por el tema y algún día nos desvele lo que sucedió con Zacapeal… si es que sucedió algo…

Hasta entonces crean ustedes lo que quieran…

Andrés M.

LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN EN NAVARREDONDA DE GREDOS

Exterior de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción. Navarredonda de Gredos (Ávila).

Interior

La bóveda de combados que cubre el presbiterio, formando un círculo con sus nervios, es casi idéntica a la del Santuario de Ntra. Sra. del Espino en Hoyos del Espino. El resto de la techumbre es de madera y  data de los años 80 ya que la original, también de madera,  se derrumbó a causa de una nevada. Como en otros casos encontramos lápidas con inscripciones y motivos decorativos formando parte del solado

Bóvedas de la Iglesia de Navarredonda (izquierda) y Hoyos del Espino (derecha). S. XVI.

El retablo Mayor

El retablo mayor, de la primera mitad siglo XVII, se adapta al contorno poligonal de la cabecera. El tabernáculo que acoge el Sagrario no encaja con el resto ni en estructura ni en decoración, ya que presenta motivos de rocalla (entre otros elementos) que nos dan la fecha para situar esta obra a partir de mediados del Siglo XVIII. Esto debió de ser una práctica habitual, ya que lo mismo sucedió en el retablo de Hoyos del Espino. La diferencia, es que en Navarredonda han tenido la consideración de conservar el tabernáculo original, que encaja perfectamente con las características del resto de la estructura del retablo, y se puede observar en su ubicación actual en un rincón de la tribuna de la iglesia. Esta pieza es de gran interés, ya que no sólo nos cuenta cómo fue el retablo de esta iglesia antes de su modificación, sino que además, por su similitud en estilo, nos puede dar una idea de cómo fue el que en su día hubo en Hoyos.

Cabecera y retablo mayor (izquierda). Tabernáculo original (?). Primera ½ S. XVII

 Las esculturas

Las esculturas que albergan las hornacinas presentan un gran abanico de personajes sagrados. En primer lugar nos detendremos en la talla estofada y policromada de la Inmaculada Concepción en la parte inferior de la calle izquierda.

Inmaculada Concepción. S. XVII

“Inmaculada” significa literalmente “sin mancha “, y hace referencia a la creencia de que María, al igual que su hijo, fue concebida sin pecado original (siendo el momento de su concepción el abrazo entre San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada). Esta creencia no fue declarada dogma hasta 1854 por el Papa Pío IX, sin embargo, la forma de representarla artísticamente quedó fijada ya en el siglo XV, tomando como base un texto del Apocalipsis de San Juan: “Una gran señal apareció en el cielo, una mujer, vestida de Sol, con la Luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12, 1). Es un tema  muy frecuente en el Barroco español, ya que defendía el culto a la Virgen que la Reforma había puesto en tela de juicio. En el segundo piso de esta calle izquierda, encontramos la imagen de San Juan Bautista, vestido con la piel de camello que lo identifica como santo asceta y, sobre él, ya en el ático, San Miguel Arcángel aplastando al Demonio.

En la calle central encontramos el tabernáculo del XVIII ya mencionado, que contiene el sagrario. Por encima de éste, observamos el tema que da nombre a esta iglesia. Se trata de un conjunto escultórico que representa la Asunción de la Virgen. Este es otro de los grandes hitos del ciclo Mariano, y cuenta con ejemplos en otros muchos pueblos de la comarca, así esta explicación es válida para todos ellos. La representación se basa en los textos apócrifos y muestra cómo María asciende a los cielos en un torbellino de nubes y ángeles, apareciendo a menudo en actitud orante o siendo coronada. A pesar de que La Asunción de María no fue un dogma de Fe hasta que a mediados del siglo XX , ya desde el siglo VI, la fiesta de quedó fijada el 15 de agosto. Sobre este grupo, remata la calle central un Cristo Crucificado y el Padre Eterno coronando el conjunto.

Parte superior del retablo mayor. Siglo XVII.

Aparte de la dicha escultura, en esta iglesia se representa este hecho también en un cuadro (ya del XVIII) en el muro derecho de la cabecera.

Pintura con el tema de la Asunción. S. XVIII

En la calle derecha del retablo, en primer lugar encontramos un San Isidro difícil de identificar como tal ya que de  sus atributos (la yunta guiada por ángeles, que tal como lo relata la leyenda, realizaban las labores agrícolas de San Isidro mientras éste se dedicaba a la oración) solo queda una vara, tal vez de una pala de labrar de la que se haya perdido la hoja. Sobre él, en el segundo cuerpo, se sitúa Santa Teresa con la pluma que la alude a su faceta de escritora mística, y la paloma (que no águila como se ha dicho) que haría referencia a lo divino de su inspiración. En la parte derecha del ático volvemos a encontrar la imagen de Santiago Matamoros del que ya hablamos en la primera entrada de este blog en relación con su frecuente aparición en las iglesias de Gredos. Solamente añadiremos aquí que en este pueblo tiene una especial relevancia ya que el 25 de Julio  se celebra en su honor la otra gran fiesta.

Retablo del Calvario

Retablo del Calvario y escenas. Primera ½ Siglo XVII.

En el lado de la epístola (recordad, mirando hacia el altar, el de la derecha) encontramos un ejemplo, también del siglo XVII, en cuyo espacio central domina el grupo del Calvario, compuesto con el Crucificado en la parte central y, a ambos lados, la Virgen y San Juan Evangelista. Las calles laterales son muy ricas en pinturas que detallan todo el Ciclo de la Pasión de Cristo, en el que es fácil reconocer escenas como La Oración en el Huerto o El Prendimiento.

Retablo de San Antonio

Retablo de San Antonio. Primera ½ Siglo XVII.

Otro ejemplo muy interesante lo encontramos en el lado del Evangelio. En la parte central, una hornacina acoge la figura de San Antonio de Padua con su hábito franciscano y el Niño Jesús sobre el libro que sostiene. Esto se basa en la leyenda por la cual este santo pidió a la Virgen que le permitiese abrazar al Niño, deseo que le fue concedido mientras estaba leyendo, de ahí el libro que porta.

En las calles laterales encontramos cuatro pinturas. A la izquierda aparece San Juan en la isla de Patmos contemplando la visión de la Mujer Apocalíptica (sí, aquella que hemos mencionado antes como inspiración para la representación de la Inmaculada Concepción). En el ángulo inferior de esta tabla aparece el retrato del caballero que donó este retablo a la iglesia. El hombre aparece vestido a la manera de los nobles de principios del siglo XVII con una indumentaria rigurosamente negra (impuesta por Felipe II) y cuello de lechuguilla, típico de ese momento. Luce asimismo la insignia de la orden de Santo Domingo (Milicia de Cristo), lo que podría indicar que se tratase de un familiar próximo a algún miembro de la Santa Inquisición.

Sobre esta pintura encontramos la de San Francisco en el momento de recibir sus estigmas. En la calle derecha aparece Santo domingo acompañado probablemente de la esposa del donante que hablábamos anteriormente, y sobre él Santa Catalina orando ante un crucifijo y una calavera.

San juan Evangelista y Sto. Domingo con los donantes. San Francisco y Sta. Catalina.

En la mesa del altar se sitúan hoy (recordemos que el lugar de las esculturas muchas veces no es el original) dos tallas que representan a San Sebastián y San Blas. El ático presenta tres pinturas: la central muestra el tema de la Sagrada Familia, y en las laterales aparecen los arcángeles Miguel y Rafael.

Otros dos retablos completan este lado de la iglesia, ambos ya del XVIII, muy barrocos en su decoración y bastante deteriorados. Uno de ellos lo preside la figura de San Antón (acompañado de un cerdito por ser el patrón de los animales) y el siguiente con una Virgen con Niño flanqueada por Santo Domingo de Guzmán y un santo franciscano sin atributos diferenciadores. Remata este último retablo una figura de San Ramón Nonato. Sobre la mesa de altar hay una pequeña talla que representa a san Pedro de Alcántara portando el libro en su mano izquierda y levantando la derecha en un gesto elocuente.

San Pedro de Alcántara. Siglo XVII.

Os animo a hacer una visita a esta espléndida iglesia…

¡Hasta la próxima entrada!

Andrés M.

 

EL SANTUARIO DE NTRA. SRA. DEL ESPINO (III): PRODIGIOS EN GREDOS

Independientemente del lugar donde habitaran, las gentes que poblaron nuestra comarca a partir del siglo XIII encontraron en Ntra. Sra. del Espino a su protectora. Podríamos decir que si hubiera una “patrona de Gredos”, sería la Virgen del Espino.

Las historias protagonizadas por los devotos del norte de Gredos, e incluso de tierras tan lejanas como La Villa de Mombeltrán o Vadillo de la Sierra conformaron una “identidad de grupo” que definió a esta región durante mucho tiempo. Hoy, dicha identidad ha quedado algo difuminada, y merece ser destacada.

El Santuario de Ntra. Sra. del Espino  

La palabra “santuario” define un lugar donde se encuentra una imagen de especial devoción. Así, el templo que alberga la talla tardorrománica de la Virgen del Espino, es el más importante de la vertiente norte de Gredos, sólo comparable, en la cara sur, con el Santuario de Ntra. Sra. de Chilla de Candeleda .

Las historias que giran en torno a este lugar se encuentran recopiladas en el texto conocido popularmente como Libro de los Milagros de Ntra. Sra. del Espino. En este documento, realizado entre 1615 y 1618, se recogen más de un centenar de testimonios en relación con los milagros que habían dado fama al santuario y la imagen que albergaba.

Primera página del Libro de los Milagros de Ntra. Sra. del Espino, 1615-1618.

Dentro del santuario, encontramos cuatro cuadros que narran algunas de estas leyendas como son: La Aparición de la Virgen, El Traslado de la imagen, El Milagro de María Ramos y El Milagro de la mujer de Ortigosa. Hablaremos también de otras historias que, sin haberse plasmado en lienzo alguno, son muestra de la devoción que siempre se ha tenido en la zona a esta Virgen.

La Aparición de la Virgen del Espino y El Traslado de la Imagen.

Aparición de la Virgen del Espino. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

La Aparición es el primero de los cuatro cuadros del Santuario. En él, se muestra a una pastora arrodillada y orante contemplando la imagen aparecida encima del espino del que toma el nombre su advocación. Un edificio al fondo hace referencia al pueblo y también aparece el ganado que la muchacha cuidaba cuando tuvo lugar el suceso.

Traslado de la imagen. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

El siguiente cuadro ilustra la procesión en la que se bajó la imagen desde el sitio de su aparición al pueblo donde, en principio, se quería construir la iglesia. El acontecimiento no tendría mayor trascendencia de no ser porque tantas veces como la bajaban se volvía al lugar de la aparición, haciéndose además muy pesada para quien la cargaba en el trayecto. Este episodio es muy común en otras leyendas de apariciones por toda España, y se puede interpretar tanto como una demostración del poder sobrenatural de la imagen, como de una sacralización del lugar elegido por ella para su aparición.

También es muy conocida, aunque sin cuadro esta vez, la leyenda que cuenta cómo de las raíces del espino, tras la aparición, comenzó a manar aceite. Éste se utilizaba como combustible para la lámpara que iluminaba la iglesia y tenía propiedades curativas. Sin embargo, este prodigio cesó, convirtiéndose el aceite en agua, cuando el santero de turno intentó comerciar con él.

– “La Condesa Vieja”

Con este nombre se conocía a una dama de la Casa de Alba, tal vez Doña Mencía Carrillo, esposa del primer Conde de Alba. Dicha señora, favorecida por la Virgen al sanar a uno de sus pajes, no sólo donó ropas y otros objetos, sino que mandó construir un torreón para alojarse cuando viniera a rezar sus novenas. De éste no queda nada en la actualidad, pero al parecer, en el siglo XVII se podían apreciar sus cimientos. Sabemos que estuvo adosado a la santería y, curiosamente, la causa de la desaparición de ambos edificios fue un incendio, el del torreón hacia el siglo XVI, y el de la santería hacia 1989.

– Los cautivos.

Hemos de recordar que la Sierra de Gredos fue frontera natural entre los reinos cristianos del norte y los territorios islámicos del sur, para insertar la leyenda precisamente en ese contexto de luchas entre unos y otros. No se sabía cuántos eran esos cautivos, ni de dónde fueron liberados, pero sí que eso se produjo por intercesión de la Virgen del Espino, a quien vinieron a visitar en agradecimiento con las cadenas puestas. Al entrar estos hombres en el santuario, éstas cayeron quedando definitivamente libres, por ello, las dejaron allí a modo de exvoto. Todas excepto una, se utilizaron para la clavazón y herrajes de las cimbras (estructuras de madera con las que se construían las bóvedas) de la iglesia. La única que no se fundió, quedó colgada en uno de los muros en recuerdo del suceso. Allí permaneció durante siglos hasta que, hacia 1990, cuando se eliminó la cal que cubría las paredes de la iglesia, se perdió la pista de este exvoto.

– En Hoyos del Espino

Milagro de María Ramos. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

Uno de los milagros más conocidos que tuvieron lugar en este pueblo se representa en el tercer cuadro de la iglesia. Se trata del caso de María Ramos, una joven que, habiendo atendido su ganado, bajaba de vuelta al pueblo por el camino del arroyo de “Los Regajos”. El cauce de dicho riachuelo era mucho mayor que en la actualidad, tal vez por una crecida y, al intentar cruzarlo, cayó al agua y fue arrastrada por la corriente hacia una cascada. En esa situación, la muchacha invocó a la Virgen del Espino, que la retuvo allí sin sujetarse a nada hasta que tres mujeres del pueblo que pasaban por allí acudieron en su ayuda. En este cuadro, llama la atención que los testigos que aparecen no son mujeres sino hombres. También, cabe señalar que el paisaje es totalmente inventado y no tiene nada que ver con el del arroyo mencionado. Por otro lado, se dice que cuando sucedió este hecho, las rueda de campanas que había en la iglesia sonó sin que nadie las tocase. Esta rueda, en la actualidad no se conserva, aunque existe una similar en la vecina iglesia de Navalperal de Tormes.

Arroyo de los Regajos, donde la documentación sitúa el milagro de María Ramos

Mucha gente cree que este episodio tuvo lugar en “Las Chorreras” en el curso del río Tormes. Sin embargo, se trata es una deformación de la leyenda debida a su transmisión oral y a que el término empleado para definir la dicha cascada es el de “chorrera”.

– En Ortigosa

Milagro de la Mujer de Ortigosa. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

De este pueblo era María García, una mujer que llevaba catorce meses con un brazo tullido e inmóvil. Por ello, acudió a rezar unas novenas a la Virgen del Espino, y al acabarlas, sintió un calor muy fuerte en ese brazo que de inmediato. Esta historia se representa en el cuarto y último cuadro de la iglesia.

– En Navarredonda de Gredos…

Nació el albañil Domingo Ximénez, aunque su infancia la pasó sirviendo en una casa de Hoyos, donde “tomó particular devoción” hacia esta Virgen. Un día, hacia 1595, estaba este obrero trabajando en la casa de un tal Hernando Sánchez Garavato, en Barajas, y de pronto el tejado cedió y las vigas cayeron sobre él. Viendo venir el peligro, se encomendó a la Virgen del Espino, y ante la sorpresa de quienes le daban por muerto, al apartar los maderos vieron que seguía vivo y sin heridas graves.

– En Navacepeda de Tormes

De aquí era nativo Pablo Ximénez Candeleda quien padecía una grave parálisis que le impedía tanto moverse como hablar. Le llevaron a rezar novenas a la Virgen del Espino y cuanto las acabó, pudo volver a casa por su propio pie y hablando claramente. Los testigos de Navacepeda que cuentan el relato afirman que, debido a este suceso, se tenía una devoción muy particular en su pueblo a esta imagen y que todos los años iban en procesión a su Santuario el día de San Marcos”.

Todos estos hechos nos dan idea de la gran importancia que tuvo la imagen y el Santuario de Ntra. Sra. del Espino para sus devotos repartidos por toda nuestra comarca, haciendo que sus habitantes fueran un solo pueblo bajo su protección.

Andrés M.

EL SANTUARIO DE NTRA. SRA. DEL ESPINO (II): RETABLOS

El Santuario de Ntra. Sra. del Espino cuenta con cinco retablos: el mayor en la cabecera, dos en el lado de la epístola y otros dos en el del evangelio; todos ellos en madera tallada, policromada y dorada; y precedidos por mesas de altar que son obra de mediados del XVIII, pues en ellas se aprecian claramente motivos de rocalla.

El retablo mayor es obra del primer tercio del siglo XVII por su estilo escurialense. En él desentonan el sagrario y el tabernáculo de la Virgen ya que son de estilo barroco, del XVIII. La estructura se divide en dos cuerpos y tres calles. Entre ellas se disponen hornacinas aveneradas sobre ménsulas para albergar las esculturas de San Juan, San Antonio de Padua, San Ramón Nonato y el Niño Jesús Soberano. En las calles laterales encontramos dos pinturas que representan Los Desposorios y La Presentación en el Templo. En la calle central se abre de nuevo una hornacina, en la que se representa la Asunción de la Virgen. En el ático destaca una talla gótica de Cristo Crucificado y, sobre este, la figura de Dios Padre bendiciendo inscrita en un triángulo.

Retablo Mayor. Primera Mitad del Siglo XVII.

Como se ha dicho, la parte que ocupa el Sagrario y el tabernáculo donde se aloja la Virgen son fruto de una remodelación del Siglo XVIII. Las esculturas y pinturas en su mayoría son obras realizadas durante el siglo XVII, con dos excepciones: La talla de la Virgen del Espino y el Cristo crucificado del ático, ambos en madera policromada aunque, al menos en el caso de la Virgen, con repintes evidentes.

Dentro de un dosel de marcado tinte barroco, se encuentra la ya mencionada Virgen del Espino que da nombre tanto al Santuario como al pueblo. La morfología de la pieza indica que se trata de una obra de hacia finales del siglo XIII. Sería, por tanto, una pieza de transición del románico al gótico. La iconografía responde al tipo de Virgen en Majestad con el Niño Jesús en sus rodillas, aparece sentada en un rústico trono y, como suele ser la pauta en esta época, se caracteriza por su expresión grave, solemne, casi hierática, y una rigurosa frontalidad. Ambos sostienen un elemento esférico en la mano: la Virgen la manzana que la identifica como Nueva Eva, y el Niño el orbe que representa la universalidad de la Redención, mientras con su otra mano bendice.  Hay que aclarar que la talla ha sufrido numerosas modificaciones, entre ellas, la más evidente fue la mutilación del niño que estaba sobre su rodilla izquierda y que se dispuso, mediante un tosco arreglo, a la altura del hombro para así satisfacer la costumbre popular de vestir a la imagen con mantos de ricas telas.

Talla tardorrománica de la Virgen del Espino sin vestir. Finales del Siglo XIII

El Crucificado presenta características claramente góticas. El paño de pureza huye de fórmulas anteriores más monótonas y esquemáticas. Sin embargo, la persistencia de elementos de tradición románica, como la corona real y el trabajo sintético del torso, parecen justificar una cronología dentro de la segunda mitad del siglo XIII. Esta imagen ha sido muy querida por los habitantes del pueblo, ya que se le atribuía el poder de invocar la lluvia en épocas de sequía, para ello se le bajaba del ático y se sacaba en procesión.

Ático del retablo principal. Primera mitad del siglo XVII.

Entre las esculturas exentas que acompañan a la Virgen, llama la atención el Niño Jesús Soberano que hoy se aloja en la hornacina superior derecha del primer cuerpo. Se trata de una talla fechable en el primer tercio del siglo XVII. Su interés radica en que trata un tipo iconográfico singular -estudiado en profundidad por Ángel Peña Martín-, sólo existente en España en los siglos XVI y XVII. Se  trata de un Niño Jesús en pie, con gesto bendicente, ataviado con el vaquero, un atuendo propio de los infantes de la Casa de Austria -niños y niñas- menores de siete años durante los reinados de Felipe II y Felipe III. Lo novedoso de este tipo iconográfico es que se elimina el origen humilde de Jesús, elevándolo al rango de príncipe y proporcionándole un atrezo acorde con esa dignidad idéntico al de los propios príncipes de la época. Este ejemplar, viste además el babador, una pieza de lienzo de lino que protegía los vestidos. La esfera que sujeta con la mano es símbolo de la universalidad de su redención.

Niño Jesús Soberano. Primer tercio del siglo XVII

En la hornacina inmediatamente inferior encontramos un San Ramón Nonato de gran expresividad y belleza. Aparece representado con sus atributos: el hábito de la Merced Calzada, orden a la que perteneció, y con la muceta cardenalicia. En su mano derecha portaría una custodia, de la que solo la estructura de astil y en la izquierda, seguramente llevara la palma con tres coronas aludiendo a sus roles como mártir, doctor y confesor.

San Ramón Nonato. Siglo XVII

Al otro lado, también en la parte inferior se sitúa otra talla que representa a San Juan Bautista. Aparece ataviado con su piel de camello -de oveja o cabra en realidad- y el manto rojo que lleva alude a su martirio. Sostiene un libro con un cordero y una cruz de cañas con una filacteria en referencia a éste: Ecce Agnus Dei. En la peana encontramos una inscripción en latín que  remite a Isaías 40:3 “Voz del que clama en el desierto:¡preparad el camino del señor, enderezad la calzada para nuestro Dios!”, que alude a su papel como anunciador de la llegada del Salvador al Mundo.

San Juan Bautista. Siglo XVII

Más arriba encontramos a San Antonio de Padua, una pieza que llama la atención por la delicadeza y minuciosidad de la policromía del tejido, en el que se ha querido plasmar un bordado que bien seguro nunca tuvo el hábito franciscano del Santo ceñido a la cintura por un cíngulo, se trataría sin más de ese afán decorativista tan habitual en este tipo de obras devocionales. Porta un libro sobre el que se apoya la figura del Niño Jesús desnudo en alusión a la Aparición que el santo tuvo en su habitación mientras meditaba.

En la parte central del el segundo cuerpo, como ya hemos dicho, encontramos el grupo escultórico de la Ascensión, en el que aparece la Virgen en posición orante, rodeada de angelillos, con la mirada elevada al cielo, donde está suspendida la corona que le corresponde como “Reina de los Cielos”. Sin embargo no se puede hablar propiamente de una Coronación de la Virgen, ya que no aparece ni Dios Padre ni Cristo sujetando la corona, tampoco los angelillos que la acompañan, por lo que se podría entender como un avance del episodio inmediatamente posterior al que estamos observando.

Flanqueando dicho grupo encontramos dos pinturas, Los Desposorios y La Presentación en el Templo, ambas con características similares y probablemente del mismo autor.  El fuerte naturalismo y el tratamiento de la luz muy contrastado resaltando rostros y manos, llamando la atención sobre los personajes principales son característicos del la pintura española del siglo XVII. Entre ambas obras se consigue una cierta unidad mediante el empleo de unos escalones en la parte inferior que dan continuidad a las escenas y, además, justifican el empleo de una perspectiva de sotto in su, que es la ideal, debido a que la altura a la que se encuentran en el retablo conlleva la contemplación desde ese ángulo de visión. Las composiciones para ambos cuadros son muy comunes, lo que denota que el pintor se valió de estampas para abordar el tema. Esto no quiere decir que sean obras de poca calidad, ni mucho menos, ya que  dicha práctica era común y está documentada incluso entre los grandes pintores de Corte de la época, de hecho, la calidad de factura sería uno de sus principales valores a destacar, por el tratamiento atmosférico, de la luz y de las calidades matéricas. No se han podido localizar las estampas concretas en las que se basó el artífice, sin embargo, al menos para Los Desposorios nos inclinamos a pensar que se pueda tratar de reinterpretaciones del tema cuyo origen encontraríamos en Durero por la similitud en poses -como se recoge el manto la Virgen- y vestimentas. Por poner un ejemplo de lo comunes que eran estas estampas en la época, podemos citar Los Desposorios de la Virgen que Pacheco realizó para el retablo de la Virgen de Belén en la iglesia de la Anunciación de Sevilla, cuyos elementos compositivos son prácticamente idénticos a los que aquí estudiamos. Por otro lado, el tipo de nimbo utilizado, similar a la impresión de una hélice que gira muy rápido, es muy similar al del  Cristo atado a la columna del convento de San José de Ávila, lo que tal vez indique que pudieran ser obras del mismo taller.

Presentación en el Templo. Escuela Castellana. Siglo XVII

Los otros cuatro retablos que posee la iglesia, realizados entre los siglos XVII y XVIII, se encuentran ubicados bajo los arcosolios del segundo tramo de la iglesia.

En el lado de la epístola (mirando hacia el altar, a la derecha) se encuentra el más sencillo de todos, dedicado a Santiago Matamoros. La escultura que cobija presenta al apóstol Santiago el Mayor con el tipo iconográfico del Matamoros a caballo en la batalla de Clavijo. Porta el estandarte y la espada, encontrada hace pocos años detrás de la mesa del altar cuando se restauró el retablo. Hasta no hace mucho contaba con la cabeza del moro vencido a los pies, que fue robada (como tantas otras piezas de valor) de la iglesia. Da la sensación de que este retablo fuera realmente una parte reaprovechada de otro mayor, tal vez el ático,  ya que choca un poco su extrema sencillez en comparación con el de la Virgen del Rosario, de la misma época situado al otro lado.

Retablos del Lado de la Epístola

En el mismo muro, se abre otro arcosolio que cobija un retablo dominado por la figura del crucificado, ya del siglo XVIII. Se trata del retablo de la Vera Cruz que Diego Martín Peñas asegura que sustituyó otro más antiguo, por decreto del visitador  que así lo ordenó “…y se mandara hacer otro (retablo) nuevo para otra imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz que se pondrá en el colateral donde está el retablo que hoy subsiste…”. A los lados flanquean el conjunto dos columnas corintias decoradas, como el resto de la estructura, con drapperies, flores barrocas, roleos vegetalizados y querubines, todo ello con policromía y profusión de panes de oro.

En el lado del Evangelio (mirando hacia el altar, a la izquierda), encontramos un retablo muy similar al del crucificado, muy barroco en su profusión decorativa, ya con motivos de rocalla, y articulado mediante estípites. El hueco central hoy aparece ocupado por una figura vestidera de una Dolorosa, es probable que se trate de una obra olotina del XIX. Sin embargo, sabemos que también hubo una talla de Santa Teresa, en la parte superior, a la que se le perdió la pista. Remata el conjunto una pintura sobre tabla que presenta a Cristo atado a la columna, de factura muy popular.

Retablos en el Lado del Evangelio

El retablo que nos quedaría sería sin duda el más interesante, el que alberga la talla de la Virgen del Rosario. Se compone de predela y dos cuerpos divididos en tres calles, el primero con esculturas en hornacinas aveneradas y el segundo con pinturas del ciclo mariano de carácter popular, nada que ver con las del retablo mayor. La predela, a pesar no llamar excesivamente la atención entre tantos elementos, es bastante interesante. En ella encontramos cuatro pinturas que representan a los evangelistas, cada uno de ellos con su distintivo iconográfico. El espacio central lo ocupa un sencillo sagrario y, en los laterales encontramos de nuevo pinturas que representan, El Abrazo ante la puerta Dorada el primero y La Presentación de la Virgen en el Templo el segundo. En estas representaciones sí se ha logrado identificar las estampas que inspiraron al artífice. En Ambos casos nos llevan a la serie de grabados Beatae Virginis Mariae de Adrian Collaert sobre composiciones de Stranus de finales del siglo XVI. La adaptación a dichos modelos es muy fiel, plasmando también algunos personajes secundarios. En el primer cuerpo encontramos tres esculturas, un San José que no nos interesa en cuanto a valor artístico, un San Roque del XVII al otro lado y la Virgen del Rosario -de la que se hablará a continuación- en el centro. Las pinturas del segundo cuerpo fueron realizadas según Diego Martín Peñas en 1724. Serían la continuación del ciclo mariano que empezaba en la predela: La Anunciación y La Visitación en los laterales y La Coronación en el centro.

Centrándonos en la Virgen del Rosario, en primer lugar hay que señalar que responde a características típicas de la escultura castellana del XVI ya que  si bien el tratamiento de paños y anatomía es más naturalista, todavía tiene algo de la rigidez y frontalidad medieval. El estofado de la túnica a base de motivos vegetales es sumamente delicado. Se sabe que esta Virgen, hasta no hace mucho, se vestía para procesionar el dos de febrero, día de la Purificación. Esta imagen ha tenido un papel importante para los fieles que iban a orar al Santuario, de ello da cuenta un cartelito corroído por la carcoma en el que se anotó la gracia que recibiría quien a ella dirigiera su oración: “El Ilustrísimo y Reverendísimo Señor D. pedro de Ayala, obispo de Ávila (da, otorga o concede) quarenta días de indulgencias a las personas que con devoción rezaren una parte del rossario delante de esta Imagen de Nuestra Señora del Rosario. Año de 1730″.

Detalle del retablo de la Virgen del Rosario. Siglo XVII

Se completaría el ornato escultórico con las bellas tallas de San Miguel y San Andrés. En ambos casos han sufrido pérdidas de algunos de sus elementos más característicos: en el caso de San Andrés, hoy en día no se conserva la cruz en aspa que le identifica iconográficamente; y en el de San Miguel no hay rastro de las dos alas del santo y de una del demonio que pisa, y de su espada de fuego sólo posee el mango. A pesar de ello la gracia de sus poses y la delicadeza de la talla hacen que merezcan una detenida contemplación.

Escultura de San Miguel Arcángel. Siglo XVII

Andrés M.