MARÍA MUÑOZ, “LA VENERABLE”: INFANCIA Y JUVENTUD

Cada de 14 de mayo en Hoyos del Espino se celebra  la fiesta en honor de María Muñoz, o lo que es lo mismo, la Venerable, un personaje tan interesante como desconocido.

El término “Venerable” equivale a respetable, digno de estima y honor; pero también hace referencia a la persona que ha hecho profesión en la vida monástica. En la persona de María Muñoz encontramos ambos significados simultáneamente.

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Retrato de "La Venerable" en el Santuario de Ntra. Sra. del Espino.
Copia del siglo XIX sobre el original del XVII de Piedrahita

La leyenda popular cuenta que era una mujer muy devota de la Virgen del Espino y que, ante unos atacantes, pidió que la hiciera fea. Es curioso, que siendo esta información la más extendida, no esté reflejada en ninguna de sus biografías, algunas dictadas por ella misma. Por ello, deberíamos pensar que es una adición sin fundamento a la historia de esta mujer. Lo mismo sucede con la afirmación de que ella fue quien hizo rodear el pueblo con una serie de cruceros a fin de protegerlo de todo mal.

Santuario de Ntra Sra del Espino

Santuario de Ntra. Sra. del Espino, exterior

También se dice que al ser tan devota, de niña se escapaba, incluso de noche, al Santuario de Ntra. Sra. del Espino a rezar, hasta el punto que su madre tenía que atarla a la pata de la cama, siendo el Niño Jesús quien la liberaba. Esta parte sí está documentada en sus biografías, por lo que podemos decir que es, de lo poco “veraz” que sobre ella se sabe en el pueblo o, al menos, esto es lo que yo sabía antes de abordar el tema, con motivo del IV Foro Guiomar de Ulloa, en el que dí una charla sobre su persona.

BIOGRAFÍAS

Contamos nada menos que con 5 textos biográficos sobre María, lo que nos da cuenta del interés que su vida ha despertado desde el siglo XVII hasta hoy:

  1. En primer lugar, La Venerable dictó su historia de su a petición de Andrés Sánchez Tejado, párroco de Hoyos del Espino en 1635, cuando ella contaba con 46 años. El mismo año murió ese bachiller, pero su sucesor, Matías Contreras, continuó con esta empresa. Sería pues una autobiografía.
  2. La segunda, fue escrita en 1661 por el Padre Manuel Bárcena en Piedrahíta a un año de la muerte de la Venerable .
  3. La tercera fue publicada en 1720 por el Padre Luis de Santa Teresa, con comentarios del Padre Mateo Grogero.
  4. La cuarta, fue redactada por D. José Carrera Medina en 1872. De ella queda todavía algún ejemplar original en ciertas casas del pueblo.
  5. La quinta, bajo el título de “Flor de Gredos” fue publicada por Alfonso María López Sendín en 1979. Además de dar a conocer la vida de la Venerable, su objetivo era iniciar o promover la incoación del proceso de su beatificación, pero no lo consiguió.

INFANCIA

María Muñoz nace y es bautizada en Hoyos del Espino en 1589. 4 años más tarde nacerá su hermano, José Muñoz, a quién siempre estará muy ligada.

Devota cristiana desde niña, se refería al Niño Jesús como su “Corderito”.

corderito

Detalle del cuadro anterior.

Con 3 años y medio, viendo que un primo suyo se casaba, quiso casarse ella también. Acudió a su madre para que le buscara marido, ella le dijo que tenía reservado un esposo, el hijo de una señora que estaba en el Santuario. Así, marchó ella a la iglesia, donde se le abrieron las puertas de par en par y fue conducida por un muchacho de aspecto angelical, ante la Virgen y el Niño que extendieron sus manos para coger la suya. Así, dice ella, la Virgen los unió en matrimonio.

Virgen DolorosaVirgen Dolorosa del Santuario de Ntra. Sra. del Espino. 
Imagen de vestir de tipo olotino. S. XIX.

Tras esto, tuvo la Venerable una visión en la que se le apareció la Virgen con muchos cuchillos clavados en su pecho (como en la foto superior). Ésta le dijo: “Si has de ser la esposa de mi hijo, has de llevar estos cuchillos”. La protagonista, interpreta los cuchillos como todas las penurias que debía de pasar a lo largo de su vida para cumplir los designios divinos.

A partir de entonces se narran multitud de apariciones, sobre todo del Niño Jesús pero también del Diablo en diversas formas intentando tentarla o hacerle daño. También de la Virgen bajo las advocaciones de Ntra. Sra. del Espino (en Hoyos) y Ntra. Sra. del Risco (en Amavida). Asimismo, difuntos -que ella había conocido en vida-, ángeles y santos como Sta. Catalina de Siena y Sta. Teresa.

Con 9 años comulga por primera vez, afirmando que la forma voló hacia ella, cuando se encontraba detrás de una puerta de la iglesia. Este hecho se repetirá muchas veces a lo largo de su vida, ocasionando todo tipo de reacciones por su parte.

Sin embargo, no será hasta que cumpla los 11 años cuando haga la comunión de forma oficial.

JUVENTUD

En 1614, con 25 años, La Venerable sufrió una angina durante 4 días que solo se curó al ponerle el collar con el que se decía que se apareció la Virgen del Espino. Esto aparece reflejado en el que se conoce popularmente como el “Libro de los Milagros de la Virgen del Espino”. Un documento que fue iniciativa del Bachiller Andrés Sánchez Tejado, el mismo que más tarde ayudará a nuestra protagonista a poner por escrito su biografía. La Venerable es citada a declarar en 1617, 3 años después de que padeciera esa enfermedad.

En 1615, Con 26 años la Venerable se encuentra en Oropesa sirviendo a Don Juan Álvarez de Toledo y Doña Luisa Pimentel, Condes de Oropesa. Aquí, el padre Francisco de Cogolludo (su confesor en esas tierras) profetiza su futuro. Vaticina la muerte de los condes en los próximos días. Le dice también que marche con su confesor (AST) y un primo -que vendrán al día siguiente a por ella-, que su hermano se ordenará sacerdote en Amavida, el préstamo de dinero que recibiría (por parte del Duque de Béjar), y la muerte de su hermano poco tiempo después.

Entre 1617 y 1618 La Venerable se encuentra en Ávila. Allí apreciaron su virtud los señores del Cabildo catedralicio. Por otro lado, entabló amistad con varias religiosas del monasterio de la Encarnación como Doña Teresa de Obregón Tabera, Juana Bautista y Juana de los Reyes.

Al ser éste solo un repaso de los primeros años de La Venerable, los que pasó en Hoyos del Espino, finalizamos aquí la entrada… Luego vendrían varios viajes y su ingreso en el Carmelo de Piedrahía, pero de ello hablaremos en futuros post.

Gracias por seguir este blog, su página en facebook, y, sobre todo, por vuestros amables comentarios y los datos de los que tanto aprendo.

Andrés Martín

Licenciado en Historia del Arte

LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN EN NAVARREDONDA DE GREDOS

Exterior de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción. Navarredonda de Gredos (Ávila).

Interior

La bóveda de combados que cubre el presbiterio, formando un círculo con sus nervios, es casi idéntica a la del Santuario de Ntra. Sra. del Espino en Hoyos del Espino. El resto de la techumbre es de madera y  data de los años 80 ya que la original, también de madera,  se derrumbó a causa de una nevada. Como en otros casos encontramos lápidas con inscripciones y motivos decorativos formando parte del solado

Bóvedas de la Iglesia de Navarredonda (izquierda) y Hoyos del Espino (derecha). S. XVI.

El retablo Mayor

El retablo mayor, de la primera mitad siglo XVII, se adapta al contorno poligonal de la cabecera. El tabernáculo que acoge el Sagrario no encaja con el resto ni en estructura ni en decoración, ya que presenta motivos de rocalla (entre otros elementos) que nos dan la fecha para situar esta obra a partir de mediados del Siglo XVIII. Esto debió de ser una práctica habitual, ya que lo mismo sucedió en el retablo de Hoyos del Espino. La diferencia, es que en Navarredonda han tenido la consideración de conservar el tabernáculo original, que encaja perfectamente con las características del resto de la estructura del retablo, y se puede observar en su ubicación actual en un rincón de la tribuna de la iglesia. Esta pieza es de gran interés, ya que no sólo nos cuenta cómo fue el retablo de esta iglesia antes de su modificación, sino que además, por su similitud en estilo, nos puede dar una idea de cómo fue el que en su día hubo en Hoyos.

Cabecera y retablo mayor (izquierda). Tabernáculo original (?). Primera ½ S. XVII

 Las esculturas

Las esculturas que albergan las hornacinas presentan un gran abanico de personajes sagrados. En primer lugar nos detendremos en la talla estofada y policromada de la Inmaculada Concepción en la parte inferior de la calle izquierda.

Inmaculada Concepción. S. XVII

“Inmaculada” significa literalmente “sin mancha “, y hace referencia a la creencia de que María, al igual que su hijo, fue concebida sin pecado original (siendo el momento de su concepción el abrazo entre San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada). Esta creencia no fue declarada dogma hasta 1854 por el Papa Pío IX, sin embargo, la forma de representarla artísticamente quedó fijada ya en el siglo XV, tomando como base un texto del Apocalipsis de San Juan: “Una gran señal apareció en el cielo, una mujer, vestida de Sol, con la Luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12, 1). Es un tema  muy frecuente en el Barroco español, ya que defendía el culto a la Virgen que la Reforma había puesto en tela de juicio. En el segundo piso de esta calle izquierda, encontramos la imagen de San Juan Bautista, vestido con la piel de camello que lo identifica como santo asceta y, sobre él, ya en el ático, San Miguel Arcángel aplastando al Demonio.

En la calle central encontramos el tabernáculo del XVIII ya mencionado, que contiene el sagrario. Por encima de éste, observamos el tema que da nombre a esta iglesia. Se trata de un conjunto escultórico que representa la Asunción de la Virgen. Este es otro de los grandes hitos del ciclo Mariano, y cuenta con ejemplos en otros muchos pueblos de la comarca, así esta explicación es válida para todos ellos. La representación se basa en los textos apócrifos y muestra cómo María asciende a los cielos en un torbellino de nubes y ángeles, apareciendo a menudo en actitud orante o siendo coronada. A pesar de que La Asunción de María no fue un dogma de Fe hasta que a mediados del siglo XX , ya desde el siglo VI, la fiesta de quedó fijada el 15 de agosto. Sobre este grupo, remata la calle central un Cristo Crucificado y el Padre Eterno coronando el conjunto.

Parte superior del retablo mayor. Siglo XVII.

Aparte de la dicha escultura, en esta iglesia se representa este hecho también en un cuadro (ya del XVIII) en el muro derecho de la cabecera.

Pintura con el tema de la Asunción. S. XVIII

En la calle derecha del retablo, en primer lugar encontramos un San Isidro difícil de identificar como tal ya que de  sus atributos (la yunta guiada por ángeles, que tal como lo relata la leyenda, realizaban las labores agrícolas de San Isidro mientras éste se dedicaba a la oración) solo queda una vara, tal vez de una pala de labrar de la que se haya perdido la hoja. Sobre él, en el segundo cuerpo, se sitúa Santa Teresa con la pluma que la alude a su faceta de escritora mística, y la paloma (que no águila como se ha dicho) que haría referencia a lo divino de su inspiración. En la parte derecha del ático volvemos a encontrar la imagen de Santiago Matamoros del que ya hablamos en la primera entrada de este blog en relación con su frecuente aparición en las iglesias de Gredos. Solamente añadiremos aquí que en este pueblo tiene una especial relevancia ya que el 25 de Julio  se celebra en su honor la otra gran fiesta.

Retablo del Calvario

Retablo del Calvario y escenas. Primera ½ Siglo XVII.

En el lado de la epístola (recordad, mirando hacia el altar, el de la derecha) encontramos un ejemplo, también del siglo XVII, en cuyo espacio central domina el grupo del Calvario, compuesto con el Crucificado en la parte central y, a ambos lados, la Virgen y San Juan Evangelista. Las calles laterales son muy ricas en pinturas que detallan todo el Ciclo de la Pasión de Cristo, en el que es fácil reconocer escenas como La Oración en el Huerto o El Prendimiento.

Retablo de San Antonio

Retablo de San Antonio. Primera ½ Siglo XVII.

Otro ejemplo muy interesante lo encontramos en el lado del Evangelio. En la parte central, una hornacina acoge la figura de San Antonio de Padua con su hábito franciscano y el Niño Jesús sobre el libro que sostiene. Esto se basa en la leyenda por la cual este santo pidió a la Virgen que le permitiese abrazar al Niño, deseo que le fue concedido mientras estaba leyendo, de ahí el libro que porta.

En las calles laterales encontramos cuatro pinturas. A la izquierda aparece San Juan en la isla de Patmos contemplando la visión de la Mujer Apocalíptica (sí, aquella que hemos mencionado antes como inspiración para la representación de la Inmaculada Concepción). En el ángulo inferior de esta tabla aparece el retrato del caballero que donó este retablo a la iglesia. El hombre aparece vestido a la manera de los nobles de principios del siglo XVII con una indumentaria rigurosamente negra (impuesta por Felipe II) y cuello de lechuguilla, típico de ese momento. Luce asimismo la insignia de la orden de Santo Domingo (Milicia de Cristo), lo que podría indicar que se tratase de un familiar próximo a algún miembro de la Santa Inquisición.

Sobre esta pintura encontramos la de San Francisco en el momento de recibir sus estigmas. En la calle derecha aparece Santo domingo acompañado probablemente de la esposa del donante que hablábamos anteriormente, y sobre él Santa Catalina orando ante un crucifijo y una calavera.

San juan Evangelista y Sto. Domingo con los donantes. San Francisco y Sta. Catalina.

En la mesa del altar se sitúan hoy (recordemos que el lugar de las esculturas muchas veces no es el original) dos tallas que representan a San Sebastián y San Blas. El ático presenta tres pinturas: la central muestra el tema de la Sagrada Familia, y en las laterales aparecen los arcángeles Miguel y Rafael.

Otros dos retablos completan este lado de la iglesia, ambos ya del XVIII, muy barrocos en su decoración y bastante deteriorados. Uno de ellos lo preside la figura de San Antón (acompañado de un cerdito por ser el patrón de los animales) y el siguiente con una Virgen con Niño flanqueada por Santo Domingo de Guzmán y un santo franciscano sin atributos diferenciadores. Remata este último retablo una figura de San Ramón Nonato. Sobre la mesa de altar hay una pequeña talla que representa a san Pedro de Alcántara portando el libro en su mano izquierda y levantando la derecha en un gesto elocuente.

San Pedro de Alcántara. Siglo XVII.

Os animo a hacer una visita a esta espléndida iglesia…

¡Hasta la próxima entrada!

Andrés M.

 

EL SANTUARIO DE NTRA. SRA. DEL ESPINO (III): PRODIGIOS EN GREDOS

Independientemente del lugar donde habitaran, las gentes que poblaron nuestra comarca a partir del siglo XIII encontraron en Ntra. Sra. del Espino a su protectora. Podríamos decir que si hubiera una “patrona de Gredos”, sería la Virgen del Espino.

Las historias protagonizadas por los devotos del norte de Gredos, e incluso de tierras tan lejanas como La Villa de Mombeltrán o Vadillo de la Sierra conformaron una “identidad de grupo” que definió a esta región durante mucho tiempo. Hoy, dicha identidad ha quedado algo difuminada, y merece ser destacada.

El Santuario de Ntra. Sra. del Espino  

La palabra “santuario” define un lugar donde se encuentra una imagen de especial devoción. Así, el templo que alberga la talla tardorrománica de la Virgen del Espino, es el más importante de la vertiente norte de Gredos, sólo comparable, en la cara sur, con el Santuario de Ntra. Sra. de Chilla de Candeleda .

Las historias que giran en torno a este lugar se encuentran recopiladas en el texto conocido popularmente como Libro de los Milagros de Ntra. Sra. del Espino. En este documento, realizado entre 1615 y 1618, se recogen más de un centenar de testimonios en relación con los milagros que habían dado fama al santuario y la imagen que albergaba.

Primera página del Libro de los Milagros de Ntra. Sra. del Espino, 1615-1618.

Dentro del santuario, encontramos cuatro cuadros que narran algunas de estas leyendas como son: La Aparición de la Virgen, El Traslado de la imagen, El Milagro de María Ramos y El Milagro de la mujer de Ortigosa. Hablaremos también de otras historias que, sin haberse plasmado en lienzo alguno, son muestra de la devoción que siempre se ha tenido en la zona a esta Virgen.

La Aparición de la Virgen del Espino y El Traslado de la Imagen.

Aparición de la Virgen del Espino. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

La Aparición es el primero de los cuatro cuadros del Santuario. En él, se muestra a una pastora arrodillada y orante contemplando la imagen aparecida encima del espino del que toma el nombre su advocación. Un edificio al fondo hace referencia al pueblo y también aparece el ganado que la muchacha cuidaba cuando tuvo lugar el suceso.

Traslado de la imagen. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

El siguiente cuadro ilustra la procesión en la que se bajó la imagen desde el sitio de su aparición al pueblo donde, en principio, se quería construir la iglesia. El acontecimiento no tendría mayor trascendencia de no ser porque tantas veces como la bajaban se volvía al lugar de la aparición, haciéndose además muy pesada para quien la cargaba en el trayecto. Este episodio es muy común en otras leyendas de apariciones por toda España, y se puede interpretar tanto como una demostración del poder sobrenatural de la imagen, como de una sacralización del lugar elegido por ella para su aparición.

También es muy conocida, aunque sin cuadro esta vez, la leyenda que cuenta cómo de las raíces del espino, tras la aparición, comenzó a manar aceite. Éste se utilizaba como combustible para la lámpara que iluminaba la iglesia y tenía propiedades curativas. Sin embargo, este prodigio cesó, convirtiéndose el aceite en agua, cuando el santero de turno intentó comerciar con él.

– “La Condesa Vieja”

Con este nombre se conocía a una dama de la Casa de Alba, tal vez Doña Mencía Carrillo, esposa del primer Conde de Alba. Dicha señora, favorecida por la Virgen al sanar a uno de sus pajes, no sólo donó ropas y otros objetos, sino que mandó construir un torreón para alojarse cuando viniera a rezar sus novenas. De éste no queda nada en la actualidad, pero al parecer, en el siglo XVII se podían apreciar sus cimientos. Sabemos que estuvo adosado a la santería y, curiosamente, la causa de la desaparición de ambos edificios fue un incendio, el del torreón hacia el siglo XVI, y el de la santería hacia 1989.

– Los cautivos.

Hemos de recordar que la Sierra de Gredos fue frontera natural entre los reinos cristianos del norte y los territorios islámicos del sur, para insertar la leyenda precisamente en ese contexto de luchas entre unos y otros. No se sabía cuántos eran esos cautivos, ni de dónde fueron liberados, pero sí que eso se produjo por intercesión de la Virgen del Espino, a quien vinieron a visitar en agradecimiento con las cadenas puestas. Al entrar estos hombres en el santuario, éstas cayeron quedando definitivamente libres, por ello, las dejaron allí a modo de exvoto. Todas excepto una, se utilizaron para la clavazón y herrajes de las cimbras (estructuras de madera con las que se construían las bóvedas) de la iglesia. La única que no se fundió, quedó colgada en uno de los muros en recuerdo del suceso. Allí permaneció durante siglos hasta que, hacia 1990, cuando se eliminó la cal que cubría las paredes de la iglesia, se perdió la pista de este exvoto.

– En Hoyos del Espino

Milagro de María Ramos. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

Uno de los milagros más conocidos que tuvieron lugar en este pueblo se representa en el tercer cuadro de la iglesia. Se trata del caso de María Ramos, una joven que, habiendo atendido su ganado, bajaba de vuelta al pueblo por el camino del arroyo de “Los Regajos”. El cauce de dicho riachuelo era mucho mayor que en la actualidad, tal vez por una crecida y, al intentar cruzarlo, cayó al agua y fue arrastrada por la corriente hacia una cascada. En esa situación, la muchacha invocó a la Virgen del Espino, que la retuvo allí sin sujetarse a nada hasta que tres mujeres del pueblo que pasaban por allí acudieron en su ayuda. En este cuadro, llama la atención que los testigos que aparecen no son mujeres sino hombres. También, cabe señalar que el paisaje es totalmente inventado y no tiene nada que ver con el del arroyo mencionado. Por otro lado, se dice que cuando sucedió este hecho, las rueda de campanas que había en la iglesia sonó sin que nadie las tocase. Esta rueda, en la actualidad no se conserva, aunque existe una similar en la vecina iglesia de Navalperal de Tormes.

Arroyo de los Regajos, donde la documentación sitúa el milagro de María Ramos

Mucha gente cree que este episodio tuvo lugar en “Las Chorreras” en el curso del río Tormes. Sin embargo, se trata es una deformación de la leyenda debida a su transmisión oral y a que el término empleado para definir la dicha cascada es el de “chorrera”.

– En Ortigosa

Milagro de la Mujer de Ortigosa. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo.

De este pueblo era María García, una mujer que llevaba catorce meses con un brazo tullido e inmóvil. Por ello, acudió a rezar unas novenas a la Virgen del Espino, y al acabarlas, sintió un calor muy fuerte en ese brazo que de inmediato. Esta historia se representa en el cuarto y último cuadro de la iglesia.

– En Navarredonda de Gredos…

Nació el albañil Domingo Ximénez, aunque su infancia la pasó sirviendo en una casa de Hoyos, donde “tomó particular devoción” hacia esta Virgen. Un día, hacia 1595, estaba este obrero trabajando en la casa de un tal Hernando Sánchez Garavato, en Barajas, y de pronto el tejado cedió y las vigas cayeron sobre él. Viendo venir el peligro, se encomendó a la Virgen del Espino, y ante la sorpresa de quienes le daban por muerto, al apartar los maderos vieron que seguía vivo y sin heridas graves.

– En Navacepeda de Tormes

De aquí era nativo Pablo Ximénez Candeleda quien padecía una grave parálisis que le impedía tanto moverse como hablar. Le llevaron a rezar novenas a la Virgen del Espino y cuanto las acabó, pudo volver a casa por su propio pie y hablando claramente. Los testigos de Navacepeda que cuentan el relato afirman que, debido a este suceso, se tenía una devoción muy particular en su pueblo a esta imagen y que todos los años iban en procesión a su Santuario el día de San Marcos”.

Todos estos hechos nos dan idea de la gran importancia que tuvo la imagen y el Santuario de Ntra. Sra. del Espino para sus devotos repartidos por toda nuestra comarca, haciendo que sus habitantes fueran un solo pueblo bajo su protección.

Andrés M.

EL SANTUARIO DE NTRA. SRA. DEL ESPINO (II): RETABLOS

El Santuario de Ntra. Sra. del Espino cuenta con cinco retablos: el mayor en la cabecera, dos en el lado de la epístola y otros dos en el del evangelio; todos ellos en madera tallada, policromada y dorada; y precedidos por mesas de altar que son obra de mediados del XVIII, pues en ellas se aprecian claramente motivos de rocalla.

El retablo mayor es obra del primer tercio del siglo XVII por su estilo escurialense. En él desentonan el sagrario y el tabernáculo de la Virgen ya que son de estilo barroco, del XVIII. La estructura se divide en dos cuerpos y tres calles. Entre ellas se disponen hornacinas aveneradas sobre ménsulas para albergar las esculturas de San Juan, San Antonio de Padua, San Ramón Nonato y el Niño Jesús Soberano. En las calles laterales encontramos dos pinturas que representan Los Desposorios y La Presentación en el Templo. En la calle central se abre de nuevo una hornacina, en la que se representa la Asunción de la Virgen. En el ático destaca una talla gótica de Cristo Crucificado y, sobre este, la figura de Dios Padre bendiciendo inscrita en un triángulo.

Retablo Mayor. Primera Mitad del Siglo XVII.

Como se ha dicho, la parte que ocupa el Sagrario y el tabernáculo donde se aloja la Virgen son fruto de una remodelación del Siglo XVIII. Las esculturas y pinturas en su mayoría son obras realizadas durante el siglo XVII, con dos excepciones: La talla de la Virgen del Espino y el Cristo crucificado del ático, ambos en madera policromada aunque, al menos en el caso de la Virgen, con repintes evidentes.

Dentro de un dosel de marcado tinte barroco, se encuentra la ya mencionada Virgen del Espino que da nombre tanto al Santuario como al pueblo. La morfología de la pieza indica que se trata de una obra de hacia finales del siglo XIII. Sería, por tanto, una pieza de transición del románico al gótico. La iconografía responde al tipo de Virgen en Majestad con el Niño Jesús en sus rodillas, aparece sentada en un rústico trono y, como suele ser la pauta en esta época, se caracteriza por su expresión grave, solemne, casi hierática, y una rigurosa frontalidad. Ambos sostienen un elemento esférico en la mano: la Virgen la manzana que la identifica como Nueva Eva, y el Niño el orbe que representa la universalidad de la Redención, mientras con su otra mano bendice.  Hay que aclarar que la talla ha sufrido numerosas modificaciones, entre ellas, la más evidente fue la mutilación del niño que estaba sobre su rodilla izquierda y que se dispuso, mediante un tosco arreglo, a la altura del hombro para así satisfacer la costumbre popular de vestir a la imagen con mantos de ricas telas.

Talla tardorrománica de la Virgen del Espino sin vestir. Finales del Siglo XIII

El Crucificado presenta características claramente góticas. El paño de pureza huye de fórmulas anteriores más monótonas y esquemáticas. Sin embargo, la persistencia de elementos de tradición románica, como la corona real y el trabajo sintético del torso, parecen justificar una cronología dentro de la segunda mitad del siglo XIII. Esta imagen ha sido muy querida por los habitantes del pueblo, ya que se le atribuía el poder de invocar la lluvia en épocas de sequía, para ello se le bajaba del ático y se sacaba en procesión.

Ático del retablo principal. Primera mitad del siglo XVII.

Entre las esculturas exentas que acompañan a la Virgen, llama la atención el Niño Jesús Soberano que hoy se aloja en la hornacina superior derecha del primer cuerpo. Se trata de una talla fechable en el primer tercio del siglo XVII. Su interés radica en que trata un tipo iconográfico singular -estudiado en profundidad por Ángel Peña Martín-, sólo existente en España en los siglos XVI y XVII. Se  trata de un Niño Jesús en pie, con gesto bendicente, ataviado con el vaquero, un atuendo propio de los infantes de la Casa de Austria -niños y niñas- menores de siete años durante los reinados de Felipe II y Felipe III. Lo novedoso de este tipo iconográfico es que se elimina el origen humilde de Jesús, elevándolo al rango de príncipe y proporcionándole un atrezo acorde con esa dignidad idéntico al de los propios príncipes de la época. Este ejemplar, viste además el babador, una pieza de lienzo de lino que protegía los vestidos. La esfera que sujeta con la mano es símbolo de la universalidad de su redención.

Niño Jesús Soberano. Primer tercio del siglo XVII

En la hornacina inmediatamente inferior encontramos un San Ramón Nonato de gran expresividad y belleza. Aparece representado con sus atributos: el hábito de la Merced Calzada, orden a la que perteneció, y con la muceta cardenalicia. En su mano derecha portaría una custodia, de la que solo la estructura de astil y en la izquierda, seguramente llevara la palma con tres coronas aludiendo a sus roles como mártir, doctor y confesor.

San Ramón Nonato. Siglo XVII

Al otro lado, también en la parte inferior se sitúa otra talla que representa a San Juan Bautista. Aparece ataviado con su piel de camello -de oveja o cabra en realidad- y el manto rojo que lleva alude a su martirio. Sostiene un libro con un cordero y una cruz de cañas con una filacteria en referencia a éste: Ecce Agnus Dei. En la peana encontramos una inscripción en latín que  remite a Isaías 40:3 “Voz del que clama en el desierto:¡preparad el camino del señor, enderezad la calzada para nuestro Dios!”, que alude a su papel como anunciador de la llegada del Salvador al Mundo.

San Juan Bautista. Siglo XVII

Más arriba encontramos a San Antonio de Padua, una pieza que llama la atención por la delicadeza y minuciosidad de la policromía del tejido, en el que se ha querido plasmar un bordado que bien seguro nunca tuvo el hábito franciscano del Santo ceñido a la cintura por un cíngulo, se trataría sin más de ese afán decorativista tan habitual en este tipo de obras devocionales. Porta un libro sobre el que se apoya la figura del Niño Jesús desnudo en alusión a la Aparición que el santo tuvo en su habitación mientras meditaba.

En la parte central del el segundo cuerpo, como ya hemos dicho, encontramos el grupo escultórico de la Ascensión, en el que aparece la Virgen en posición orante, rodeada de angelillos, con la mirada elevada al cielo, donde está suspendida la corona que le corresponde como “Reina de los Cielos”. Sin embargo no se puede hablar propiamente de una Coronación de la Virgen, ya que no aparece ni Dios Padre ni Cristo sujetando la corona, tampoco los angelillos que la acompañan, por lo que se podría entender como un avance del episodio inmediatamente posterior al que estamos observando.

Flanqueando dicho grupo encontramos dos pinturas, Los Desposorios y La Presentación en el Templo, ambas con características similares y probablemente del mismo autor.  El fuerte naturalismo y el tratamiento de la luz muy contrastado resaltando rostros y manos, llamando la atención sobre los personajes principales son característicos del la pintura española del siglo XVII. Entre ambas obras se consigue una cierta unidad mediante el empleo de unos escalones en la parte inferior que dan continuidad a las escenas y, además, justifican el empleo de una perspectiva de sotto in su, que es la ideal, debido a que la altura a la que se encuentran en el retablo conlleva la contemplación desde ese ángulo de visión. Las composiciones para ambos cuadros son muy comunes, lo que denota que el pintor se valió de estampas para abordar el tema. Esto no quiere decir que sean obras de poca calidad, ni mucho menos, ya que  dicha práctica era común y está documentada incluso entre los grandes pintores de Corte de la época, de hecho, la calidad de factura sería uno de sus principales valores a destacar, por el tratamiento atmosférico, de la luz y de las calidades matéricas. No se han podido localizar las estampas concretas en las que se basó el artífice, sin embargo, al menos para Los Desposorios nos inclinamos a pensar que se pueda tratar de reinterpretaciones del tema cuyo origen encontraríamos en Durero por la similitud en poses -como se recoge el manto la Virgen- y vestimentas. Por poner un ejemplo de lo comunes que eran estas estampas en la época, podemos citar Los Desposorios de la Virgen que Pacheco realizó para el retablo de la Virgen de Belén en la iglesia de la Anunciación de Sevilla, cuyos elementos compositivos son prácticamente idénticos a los que aquí estudiamos. Por otro lado, el tipo de nimbo utilizado, similar a la impresión de una hélice que gira muy rápido, es muy similar al del  Cristo atado a la columna del convento de San José de Ávila, lo que tal vez indique que pudieran ser obras del mismo taller.

Presentación en el Templo. Escuela Castellana. Siglo XVII

Los otros cuatro retablos que posee la iglesia, realizados entre los siglos XVII y XVIII, se encuentran ubicados bajo los arcosolios del segundo tramo de la iglesia.

En el lado de la epístola (mirando hacia el altar, a la derecha) se encuentra el más sencillo de todos, dedicado a Santiago Matamoros. La escultura que cobija presenta al apóstol Santiago el Mayor con el tipo iconográfico del Matamoros a caballo en la batalla de Clavijo. Porta el estandarte y la espada, encontrada hace pocos años detrás de la mesa del altar cuando se restauró el retablo. Hasta no hace mucho contaba con la cabeza del moro vencido a los pies, que fue robada (como tantas otras piezas de valor) de la iglesia. Da la sensación de que este retablo fuera realmente una parte reaprovechada de otro mayor, tal vez el ático,  ya que choca un poco su extrema sencillez en comparación con el de la Virgen del Rosario, de la misma época situado al otro lado.

Retablos del Lado de la Epístola

En el mismo muro, se abre otro arcosolio que cobija un retablo dominado por la figura del crucificado, ya del siglo XVIII. Se trata del retablo de la Vera Cruz que Diego Martín Peñas asegura que sustituyó otro más antiguo, por decreto del visitador  que así lo ordenó “…y se mandara hacer otro (retablo) nuevo para otra imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz que se pondrá en el colateral donde está el retablo que hoy subsiste…”. A los lados flanquean el conjunto dos columnas corintias decoradas, como el resto de la estructura, con drapperies, flores barrocas, roleos vegetalizados y querubines, todo ello con policromía y profusión de panes de oro.

En el lado del Evangelio (mirando hacia el altar, a la izquierda), encontramos un retablo muy similar al del crucificado, muy barroco en su profusión decorativa, ya con motivos de rocalla, y articulado mediante estípites. El hueco central hoy aparece ocupado por una figura vestidera de una Dolorosa, es probable que se trate de una obra olotina del XIX. Sin embargo, sabemos que también hubo una talla de Santa Teresa, en la parte superior, a la que se le perdió la pista. Remata el conjunto una pintura sobre tabla que presenta a Cristo atado a la columna, de factura muy popular.

Retablos en el Lado del Evangelio

El retablo que nos quedaría sería sin duda el más interesante, el que alberga la talla de la Virgen del Rosario. Se compone de predela y dos cuerpos divididos en tres calles, el primero con esculturas en hornacinas aveneradas y el segundo con pinturas del ciclo mariano de carácter popular, nada que ver con las del retablo mayor. La predela, a pesar no llamar excesivamente la atención entre tantos elementos, es bastante interesante. En ella encontramos cuatro pinturas que representan a los evangelistas, cada uno de ellos con su distintivo iconográfico. El espacio central lo ocupa un sencillo sagrario y, en los laterales encontramos de nuevo pinturas que representan, El Abrazo ante la puerta Dorada el primero y La Presentación de la Virgen en el Templo el segundo. En estas representaciones sí se ha logrado identificar las estampas que inspiraron al artífice. En Ambos casos nos llevan a la serie de grabados Beatae Virginis Mariae de Adrian Collaert sobre composiciones de Stranus de finales del siglo XVI. La adaptación a dichos modelos es muy fiel, plasmando también algunos personajes secundarios. En el primer cuerpo encontramos tres esculturas, un San José que no nos interesa en cuanto a valor artístico, un San Roque del XVII al otro lado y la Virgen del Rosario -de la que se hablará a continuación- en el centro. Las pinturas del segundo cuerpo fueron realizadas según Diego Martín Peñas en 1724. Serían la continuación del ciclo mariano que empezaba en la predela: La Anunciación y La Visitación en los laterales y La Coronación en el centro.

Centrándonos en la Virgen del Rosario, en primer lugar hay que señalar que responde a características típicas de la escultura castellana del XVI ya que  si bien el tratamiento de paños y anatomía es más naturalista, todavía tiene algo de la rigidez y frontalidad medieval. El estofado de la túnica a base de motivos vegetales es sumamente delicado. Se sabe que esta Virgen, hasta no hace mucho, se vestía para procesionar el dos de febrero, día de la Purificación. Esta imagen ha tenido un papel importante para los fieles que iban a orar al Santuario, de ello da cuenta un cartelito corroído por la carcoma en el que se anotó la gracia que recibiría quien a ella dirigiera su oración: “El Ilustrísimo y Reverendísimo Señor D. pedro de Ayala, obispo de Ávila (da, otorga o concede) quarenta días de indulgencias a las personas que con devoción rezaren una parte del rossario delante de esta Imagen de Nuestra Señora del Rosario. Año de 1730″.

Detalle del retablo de la Virgen del Rosario. Siglo XVII

Se completaría el ornato escultórico con las bellas tallas de San Miguel y San Andrés. En ambos casos han sufrido pérdidas de algunos de sus elementos más característicos: en el caso de San Andrés, hoy en día no se conserva la cruz en aspa que le identifica iconográficamente; y en el de San Miguel no hay rastro de las dos alas del santo y de una del demonio que pisa, y de su espada de fuego sólo posee el mango. A pesar de ello la gracia de sus poses y la delicadeza de la talla hacen que merezcan una detenida contemplación.

Escultura de San Miguel Arcángel. Siglo XVII

Andrés M.

EL SANTUARIO DE NTRA. SRA. DEL ESPINO (I): ARQUITECTURA

        El Santuario de Nuestra Señora del Espino se sitúa en un cerro próximo a la localidad de Hoyos del Espino. A lo largo de los siglos, han sido varios edificios que han formado parte del este complejo, aunque solo se conservan actualmente la iglesia y el campanario.

Exterior de la iglesia de Ntra. Sra. del Espino

Exterior de la iglesia de Ntra. Sra. del Espino

       Debió existir un edificio anterior en el lugar que hoy ocupa la iglesia. Esto se cree debido a que la fecha de la aparición de la Virgen, que concuerda con la cronología de la talla que la representa, estaría en torno al siglo XIII. Por tanto entre esa fecha y finales del siglo XV, cuando comenzaron las obras del templo actual, debió haber una modesta capilla que alojase la imagen, tal vez construida en adobe o madera.

Por otro lado, también hubo un hospital de peregrinos regido por los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, aunque la única prueba de su existencia, hasta el momento, son las indulgencias que se conservan unidas al documento comúnmente conocido como El Libro de los Milagros de Ntra. Sra. del Espino. Posteriormente se edificó en ese mismo solar la santería que por desgracia se quemó hacia 1989. A esa santería, asimismo, se adosó un torreón, del que hablaremos en próximas entradas, que, casualmente también fue víctima de un incendio, creemos que hacia el siglo XVI.

Estado de la santeria tras el incendio, h. 1990.

        Separado de la iglesia, detrás de la cabecera, se encuentra el campanario cuya altura no supera la del templo. Dicha separación y falta de altura, si bien llaman la atención, no son raras en absoluto, ya que este tipo de torres tenían una doble función: la litúrgica, como campanario, y la de puesto de vigilancia del pueblo y alrededores. Incluso, podría tratarse de una construcción anterior a la iglesia. Durante mucho tiempo se creyó que este era el torreón anteriormente mencionado, pero no es así, ya que en la documentación se menciona exactamente la ubicación de aquel a los pies de la iglesia.

Finalmente, la Iglesia presenta planta longitudinal de una sola nave y tres tramos bien diferenciados. Está construida enteramente en sillería de granito local. La construcción de esta iglesia, como hemos dicho, comenzó a finales del siglo XV. Este dato no nos la aporta la escasa documentación que conservamos, sino la propia morfología del templo. La cabecera y el primer tramo de la nave son un claro exponente del gótico abulense en época de los Reyes Católicos ya que presentan la decoración de bolas, típica de esta época, en la cornisa y ventanales exteriores y en las ménsulas del interior.

La Capilla Mayor es poligonal de cinco lados, sus esquinas se corresponden con seis grandes contrafuertes que tienen como misión recoger los empujes de la bóveda a través de los nervios. El primer tramo de la nave se concibe de un modo similar. La sensación de continuidad se consigue en el interior, por medio de las bóvedas nervadas que componen formas más o menos estrelladas con las claves destacadas -muy similares a las que cubren los presbiterios de las iglesias de Navarredonda de Gredos, Muñana y Navalmoral- y también a través del banco de piedra corrido que abarca ambos espacios.

Interior de la iglesia, Capilla Mayor y primer tramo de la nave

         En este tramo se abre una pequeña puerta adintelada que da paso a la sacristía. Esa portezuela no fue el único acceso que tuvo dicha estancia, ya que existió otra puerta mayor, hoy cegada, que la comunicaba con el exterior. De ella quedan como testigos los dinteles embutidos en el muro que da al pórtico de entrada y, al interior, el arco de medio punto que la coronaba.

El segundo tramo de la nave, se construyó ya en pleno siglo XVI. Los nervios de las bóvedas se hacen más complejos formando un gran círculo con una gran clave central en la que aparece tallado un crismón. Aquí se abre el acceso principal al templo, un gran arco de medio punto -con su puerta original- orientado al sur y precedido de un pórtico con columnas toscanas.

Vista de la bóveda del segundo tramo de la nave.

        El último tramo, es más tardío, fruto de una ampliación llevada a cabo durante el siglo XVII. Esta última parte es la única que presenta los contrafuertes en el interior y no al exterior como el resto. Acoge el coro sobre un gran arco escarzano y una balaustrada que lo separa del segundo tramo. Todo ello está cubierto por una bóveda vaída de sillares perfectamente trabajados.

Para evitar epidemias, como en tantas otras iglesias, se encalaron sus muros y bóvedas. Era además muy necesario, ya que el propio suelo del templo acogía una serie de enterramientos de los que dan fe las lápidas numeradas que lo recorren por entero.

A comienzos del sigo XX se decidió decorar con policromía, aunque sin ningún interés artístico, los nervios y la plementería de las bóvedas en tonos rojos y amarillos. Tanto el revoque como la policromía fueron eliminados por el hacia 1990.

En 1988 se acometieron una serie de reparaciones en el tejado del templo, se cambiaron las antiguas vigas de madera por otras de hierro. En esa misma fecha, se reconstruyó el pórtico de acceso al templo, echando abajo el construido entre 1655 y 1669 , del que todavía se pueden apreciar restos en la fachada.

A pesar de todos estos avatares, la iglesia conserva numerosas obras de gran interés de las que hablaremos en próximas entradas.

Andrés M.

IGLESIAS DE GREDOS: GENERALIDADES

Que la Sierra de Gredos tiene un fascinante patrimonio natural nadie lo pone en duda, pero también merece ser destacado su rico patrimonio etnográfico y artístico que, muy generalmente, se ha tendido a ignorar.

Con este blog, lo que se pretende es dar a conocer un poco más ese capital artístico, con un lenguaje accesible para todos y centrándonos fundamentalmente en la arquitectura, escultura y pintura de algunas de las iglesias de la vertiente norte de la Sierra de Gredos, abarcando el área geográfica que va desde Zapardiel de la Ribera a San Martín del Pimpollar.

Como muchos sabréis, las iglesias siempre se empezaban a construir por la cabecera, por lo que es esta parte la que nos habla del momento en que se comenzaron las obras. Además suelen orientarse hacia el Este, ya que es por donde nace el nuevo Sol, esto sería una metáfora de la Resurrección de Cristo, que vuelve a la vida después de su Pasión y muerte.

La mayor parte de nuestras iglesias se iniciaron a finales del siglo XV o comienzos del XVI. Son características de esta época las bóvedas de piedra nervadas, también llamadas “de combados”. De estas contamos con magníficos ejemplos en las iglesias de Navacepeda de Tormes, Navarredonda de Gredos y Hoyos del Espino, siendo ésta última la única de la zona cuya bóveda está enteramente realizada en piedra.

Vista de las bóvedas nervadas de la iglesia de Ntra. Sra. del Espino en Hoyos del Espino (Ávila)

Por otro lado, hay un motivo decorativo que nos da la pauta para fecharlas en ese intervalo temporal, que coincide a grandes rasgos con el reinado de los Reyes Católicos. Se trata de una serie de bolas talladas en la piedra, características del estilo gótico abulense durante ese periodo. Estas bolas las podemos encontrar al exterior en cornisas, ventanas y arcos de entrada, pero también en el interior, en arcos , arcosolios o ménsulas – que son molduras en forma de cono invertido que tienen la función de recibir el empuje de las bóvedas a través de sus nervios-.

Puerta de acceso por el norte a la iglesia de Zapardiel de la Ribera, obsérvese la característica decoración de bolas talladas alrededor del arco y el alfiz -marco rectangular- f. s. XV, ppios. XVI.

A pesar de que todas se empezaron más o menos al mismo tiempo -recordad, entre finales del XV y bien entrado el XVI-, la construcción de las naves y coros llevó bastante tiempo, y cada iglesia presenta diferentes fases, que dependían fundamentalmente de los fondos de que se dispusiera para su construcción, pero también de los avatares que sufriera cada edificio: techos que se cayeron por el peso de la nieve, muros derribados para ampliar el espacio o cambiar la disposición de las estancias, nuevos accesos u otros viejos que se tapiaban…etc.

Algo que llama mucho la atención en casi todas las iglesias que estudiaremos es el hecho de que la torre-campanario esté separada de la cabecera o nave del templo. La razón fundamental es que se trataba de edificios con una doble función: la litúgica como campanarios que son y la de puesto de vigilancia, a modo de atalayas. Algunas incluso son anteriores a la propia iglesia.

Torre-campanario exenta junto a la Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción en Navarredonda de Gredos (Ávila)

De los retablos, esculturas y pinturas hablaremos basándonos en los ejemplos particulares de nuestros pueblos, pero como rasgo general, el arco temporal que los engloba va desde el siglo XVI al XVIII, siendo el XVII el más importante, tanto por la cantidad como por la calidad de las piezas. Lo más común es que estén dorados -recubiertos con una capa de panes de oro que les confieren ese brillo característico-, policromados -pintados con vivos colores y carnaciones en el caso de las esculturas que contienen-  y/o estofados -esto se aprecia en los mantos por ejemplo, donde se aplica el oro, se pinta encima y se levantan con un instrumento punzante ciertas partes de dicha pintura para componer un motivo decorativo que dé más riqueza y vistosidad a la obra-. Las pinturas en su mayoría pertenecen a los siglos XVI y XVII, en muchos casos tienen una apariencia algo tosca e inocente, pero también contamos con ejemplos de gran delicadeza y precisión que iremos viendo poco a poco.

Las esculturas exentas que estos retablos albergan son en su mayoría Vírgenes -de muchas advocaciones- y Cristos -Niños, Crucificados, atados a la columna, de Misericordia…-, pero también encontramos un nutrido grupo de santos en el que sorprende la constante repetición de alguno de ellos en varios pueblos. Así, podemos encontrar diferentes tallas o pinturas de San Ramón Nonato, San Antonio de Padua, San Juan Bautista, San Miguel y sobretodo Santiago Matamoros.

Santiago “el Matamoros”. Pintura en uno de los retablos de la iglesia de Navalperal de Tormes. S. XVI

La frecuente aparición de este santo en las iglesias de nuestra comarca ha llevado a pensar que tal vez cruzara estas tierras una senda de peregrinación del Camino de Santiago que enlazara el camino levantino desde Talavera con la Vía de la Plata a su paso por Salamanca. Esta teoría, si bien no se puede rechazar, tampoco cuenta con evidencias que le den consistencia; en primer lugar, no hay -hasta el momento- documentación escrita que refleje este tipo de peregrinaje por nuestra tierra y, en segundo, la forma de representar al santo, tanto en escultura como pintura, debería de ser su variante como “Peregrino” con el cayado, el sombrero y la viera. Al representársele como “El Matamoros” parece más lógico pensar que su intención es subrayar la victoria de los cristianos sobre los “infieles” -musulmanes- que, como sabemos, acechaban constantemente desde el sur.

No hemos de pasar por alto que nuestro pico más famoso recibe el nombre de “Almanzor” quien fue la máxima autoridad de Al-Ándalus durante la época del Califato de Córdoba y una gran amenaza para los reinos cristianos. La Sierra de Gredos  durante muchos años sirvió de frontera geográfica entre ambos bandos hasta que el rey Alfonso VI conquistó la ciudad de Toledo y el límite se trasladó al sur del río Tajo. Aunque todo esto queda muy alejado en el tiempo de las manifestaciones artísticas a las que nos referimos, forma también parte de nuestra cultura popular y por ello merecía esta mención.

En próximos post nos adentraremos un poco más en este legado, pero ya hablando de ejemplos concretos, y así, cada ficha girará en torno a la iglesia de un municipio de la comarca, intentando descubrir los misterios y tesoros que albergan entre sus muros.

Andrés Martín Chamorro

Ldo. en Hª del Arte